La preparación de una boda está llena de partidas. Muchas de ellas se llevan el protagonismo por su difícil gestión, la antelación que necesitan y su volumen, dejando a elementos más pequeños sin una pizca de atención. Ese error puede costaros algunos disgustos con los detalles que, aunque de menor tamaño, pueden sembrar la diferencia

Tener en cuenta tu presupuesto y el espacio

Ya sabemos que el presupuesto va a determinar un gran número de detalles de la boda. Con la tarta o pastel nupciales también ocurre, ya que las opciones son abundantes, tanto por los tipos de tarta como los profesionales implicados.

En primer lugar, debéis saber si el servicio de catering o el espacio que habéis contratado incluye la tarta o si tenéis que buscar vuestro propio camino en la búsqueda de esta importante partida. También podéis hacer la guerra por vuestra cuenta desde el primer momento y lanzaros a la espesa jungla de pasteleros y profesionales que, con sus diferentes formas de hacer las cosas, diseñen la mejor tarta para vuestro gran día. Sin embargo, este punto es importante porque no todos los lugares de celebración que ofrecen servicio de tarta permiten la llegada de postres de otros proveedores. Uno de los motivos, y el más importante, es que, en caso de intoxicaciones o problemas alimenticios derivados del pastel, se puede formar un problema importante, ya que se abrirá una investigación que busque desentrañar el verdadero motivo del desaguisado. Ante esto, es mucho mejor informarse previamente de las reglas del espacio contratado.

El presupuesto es clave porque la calidad se paga. En este sentido, tanto los maestros pasteleros de siempre como los nuevos, duchos en el arte de innovar, suelen tener unos honorarios más o menos elevados que os tendréis que plantear antes de nada. Pero estableciendo un precio general, pensad en unos 5 o 7 euros por invitado, y según el número total de los mismos, llegaréis a una cifra aproximada. Así, la tarta al completo se movería entre los 500 y los 1000 euros, colocando una media de 100-200 personas por boda.

Evidentemente, el precio varía en función de los detalles que incluyas en el diseño final. Por ejemplo, las flores, los diseños especializados, el pan de oro o de plata, el número de pisos… Todo ello requiere más o menos trabajo y puede elevar el precio considerablemente.

Cristina, responsable de Imagina tu boda, tiene claro cuáles son las claves para que acertéis en la elección: “La tarta tiene que reflejar vuestra personalidad, los dulces personalizados son auténtica tendencia. No solo se trata de un elemento estético, cada temporada tiene unos sabores e ingredientes adecuados y es recomendable hacer una prueba previa. Por supuesto, es importante que la persona que os realiza la tarta conozca vuestro menú y lo valore a la hora de elegir sabores y texturas. En 2017, las tartas decoradas con flor natural llegan con fuerza”.